Sandra I. Mustelier Ayala
La concepción de progreso ha quedado superada
desde la segunda mitad del siglo XX. El progreso es una idea que viene desde
Rousseau, Montesquieu, Voltaire, Diderot y de aquellos que en el siglo XVIII
formaron el gran movimiento cultural de la Ilustración. Es una definición
basada en la idea de avance tecnológico. Ya nos es muy limitada. Como tampoco
se ajusta a las complejidades de la realidad social ni a los desafíos de la
Sociedad Global en que vivimos, aquella concepción economicista del desarrollo
que solo se enfoca en el crecimiento económico y no atiende los procesos del
ser humano, de la cultura y del medio ambiente.El desarrollo tiene rostro humano, alma en la cultura y cuerpo en el medioambiente.
Los planes y estrategias de desarrollo que no consideren a hombres y mujeres como protagonistas, como objeto y sujetos del desarrollo, no propiciarán un desarrollo pleno, sostenido y sustentable que estimule la creatividad humana y satisfaga necesidades.
Un concepto de desarrollo que no ubique a la
cultura como su centro, rasero y medidor supremo del desarrollo, tampoco será
un desarrollo real, será un desarrollo sin corazón ni pensamiento. Los planes
de desarrollo deben partir de considerar las dimensiones cultural y
medioambiental como claves para la obtención de un desarrollo pleno. Cualquier
concepción, estrategia o planes de desarrollo en cualquier área, debe
considerar, tradiciones culturales, costumbres, bienes y valores patrimoniales
y de la identidad cultural, así como de las condiciones medioambientales. Tanto
la cultura, la educación como al medio ambiente son dimensiones centrales en
los programas de desarrollo ya sea a escala comunitaria o macro-social.
Aprovechar las potencialidades creativas de los
hombres y mujeres de nuestras comunidades, nos habla de un enfoque endógeno del
desarrollo. Es un desafío en nuestra
sociedad dominicana de hoy.

0 comentarios:
Publicar un comentario