La Prensa de ahora Televisión

La dolorosa tarea de viajar

Por: Edelvis García Herrera
El tirano dejaba los caminos tapizados de cadáveres horriblemente mutilados. La guerra adquiría aspecto de increíble barbarie. Y a Boves, en su marcha hacia la capital, le presentan un anciano descarnado, único habitante del pueblo.
-¿Por qué diablos se habéis quedaros  en el pueblo,  viejo?  ¿Me estáis desafiando?
-Aquí nací, y aquí moriré, señor; además me faltan fuerzas para caminar-respondió el anciano con respeto y dulzura-; …, yooo…
-Mire, viejo, no creáis que voy a compadeceros; ¡Esto es una guerra, no un juego entre monjas!...!Heeyy! ¡Decapítenlo!  ¡Que ruede su cabeza, carajo!
En el momento en que el anciano iba a ser decapitado, un joven de unos quince años, salió de entre sus filas, y postrándose de rodillas ante el caballo del bárbaro, le dijo:
-Os ruego, señor, que por la Santísima Virgen, perdonéis a este hombre que es mi padre; salvadle la vida y seré vuestro esclavo.
-Bien, bien- dijo el monstruo sonriendo burlonamente al ver al joven humillado-: para salvar la vida de tu taita dejareis que te corten la nariz y las orejas…sin quejiidoos.
-Sí, sí,  acepto, mi señor; os doy mi vida, pero salvad la de mi padre.
Una brusca parada en Piedra Blanca rompió mi relato. Ya la guagua estaba repleta de pasajeros, pero el nuevo grupo que penetró decidió irse de pie. El chofer encendió la radio: “La tipa le dio pa mi/ quiere darle banda a él…” se solicita al chofer “que por favor baje un poco la música”; el mastodonte finge no escuchar, y ante la  insistencia casi colectiva, apagó el aparato de forma agresiva, rabiosa.
La guagua se desplazaba a paso de tortuga. Las horas parecían interminables. El calor nos calcinaba. Dos horas y media  había tomado el trayecto hasta la Duarte con París.
Ya al concluir mis diligencias,  me dirigí a la calle Eusebio Manzueta, donde en una destartalada casucha se venden los boletos de Tarea Bus. En medio de aquel  panorama de basura, aguas sucias rodando por las aceras y un sol implacable, funciona una “terminal” carente de baños, sala de espera y asientos…
Rodamos. Esperamos que la guagua se llenara en el Nueve. Los vendedores aprovechan; y los algunos con ramilletes de semillas que parecen balas y atraviesan sus cuerpos, tipo Pancho Villa.  Cuando la guagua arranca de nuevo, “un orador” comienza a discursear sobre la importancia de un cepillo dental que se cierra y se abre.
Un tipo reclina su asiento. Le reclamo.   Se encabrona. La guagua va lenta. Se enciende la música: “Lo que duele no es el cuerno/lo que molesta es el cuchicheo…”
Avanzamos. En Piedra Blanca una gentil joven pide parada en un puente. El chofer la deja lejísimos. La muchacha tira fuego;  el chofer se burla. Protestamos. Nos ignora.
 Vuelvo al jovencito, el que las  orejas les rodaron por el suelo; la nariz también. El pobrecito  sufrió con admirable serenidad la horrible prueba, visto lo cual, Boves dijo: ´´Mátenlos a los dos; este muchacho es demasiado valiente´´.
En ese instante una señora pide parada en la entrada de Falconbridge. El chofer sigue raudo y ante el reclamo de la  anciana, solo se escuchó decirle: ´´doña, baaaaayyyyy´´.
Como Boves, muchos choferes tampoco respetan la ancianidad ni la gentileza…Como Boves el Gobierno decapita el pueblo con los impuestos…!Qué tarea esta la de viajar!


0 comentarios: