Por: Edelvis GARCIA HERRERA
Falcondo inició en la Peguera y ya está Jayaco, Jima; y ha seguido a La Vega. Por eso decimos que
Miranda es un inicio de muerte en la
Cordillera Central.
Y lo peor de todo esto es que la mayoría de
las concesiones mineras en el país coincide
con el nacimiento de los ríos 16 que suplen 14 presas y a 88 acueductos.
De las montañas de Santiago Rodríguez salen 7 ríos que alimentan al Yaque del Norte; sin embargo,
allí se ubican los proyectos mineros El
Cerrazo y el Guanal.
De igual forma, entre Santiago Rodríguez y Dajabón, abarcando parte de Elías Piña, hay
7 proyectos donde nacen varios afluentes del río Artibonito.
Igual en el sur de la Cordillera Central, por San Juan; allí se han otorgado 6 concesiones cerca de
los nacimientos de los ríos San Juan y Maguana, ambos afluentes del Yaque del Sur.
Imaginemos si se contaminan y secan los
afluentes de los ríos principales, y en medio de este panorama en donde
aparecen defensores de las multinacionales, que utilizan la mentira y hasta la Biblia para decir “que Dios nos ha
dado los recursos naturales para explotarlos y vivir de ellos, sin importar dónde se ubiquen”.
Estos manipuladores saben que en los tiempos bíblicos no existía
conciencia ambiental; y que los profetas hacían alardes del oro y de los
palacios suntuosos. Por ejemplo, Salomón
recibía cada año unos veintidós mil kilos de oro, sin contar los tributos que
pagaban los negociantes y todos los reyes de Arabia. El mismo mandó a hacer doscientos escudos grandes del
mineral, cada uno de seis kilos; y otros trescientos más pequeños; además de un trono de marfil
revestido en oro. Se colige toda la contaminación producida por la vanidad de
esos reyes.
Nótese además, el poco amor hacia animales al
degollarlos en los palacios y ofrendarlos; o la actitud de Sansón que le pegó fuego a trescientas zorras tras
amarrarles antorchas en los rabos, y así
quemar las cosechas de sus enemigos.
En conclusión, es fácil darnos cuenta de que
son dos épocas y culturas muy distintas y distantes; mas los manipuladores de
la Biblia la deforman para mantener a la
sociedad adormecida, sumisa, y
conservadora, al tiempo que arremeten contra los verdaderos cristianos
promotores, no sólo de una mejor vida en el más allá, sino en el más acá.

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