No sé a qué genio se le ocurrió embardunar las paredes de la
ciudad de Bonao, proclamándola como “ciudad de Dios”. Nada más absurdo y
ridículo. Me imagino que ese genio lo hizo de forma irónica, queriendo parodiar
lo contrario; es decir “ciudad del Diablo”.
Y así ha de ser, porque solo en una ciudad del mismo diablo
al Sindico Municipal, a los regidores, al gobernador provincial, al director de
la policía de Amet, al senador de la provincia, diputados, el procurador fiscal de la provincia, la
gente de Salud Pública y Medio Ambiente, y demás parásitos comes cheques con
cargos al Estado se le ocurre haber AUTORIZADO a un grupo de forajidos crear un
estado de anarquía tan patético, aberrante e insulso de las vías públicas del municipio
de Bonao.
Ciertamente, la calle Duarte (parquecito frente
a la Iglesia de los Mormones), la J. Peynado, la Padre Fantino, la Máximo
Gómez, la Independencia, la 12 de Julio, Caracol Banana, entre otros, son
escenarios de chatarras de vehículos desvencijados utilizados como
“colmaditos”; ventas de celulares, frutas, condones, pastillas para hacer el
amor, anafes de hojalata, piezas de motores y pasolas. Pero… lo bueno es que
esos obstáculos producen muchísimos accidentes de inocentes que –de noche- se
estrellan en ellos, porque no están colocados en las aceras, sino, en plena vía
pública, en plena calle.
Si fuera
como dicen “Ciudad de Dios” ocurrieran milagros, como el que esperamos desde
hace tiempo… ¿Cuál? que el (los) que han autorizado y/o permitido ese desastre,
ese despropósito municipal choquen con esos obstáculos y así, si es que quedan
con ganas, adquieran conciencia del sentido de la responsabilidad cuando se
ejerce una función pública.

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