Por Edelvis García Herrera
No es invasor quien emigra.Los
dominicanos, que dominan la construcción en Puerto Rico y que una gran parte
llegó ilegal, no son invasores; ellos no tienen tropas allá; no hacen
injerencia en los procesos electorales, ni tienen multinacionales.
Similar sucede con Haití, que no tiene control de nada
en este país; no hay militares haitianos, ni dan cursillos a la Fuerzas Armadas
como hacen los gringos; tampoco son dueños de líneas aéreas; ni de la Barrick.
Ahora bien: quiénes realmente afectan la soberanía nacional son los que entregan
a vaca muerta las riquezas naturales; el Fondo Monetario Internacional (FMI)
que nos invade; el Banco Mundial; los complejos hoteleros; los que se apoderan
de playas y bosques en complicidad con mafias enquistadas en el poder; y que
los nazinalistas nunca han denunciado ni
investigado.
Para los
patrioteros, que veces desgraciadamente escuchamos, la soberanía se
define en una pobre retórica antihaitiana; y demuestran con sus actuaciones la similitud
con los santanistas, quienes expulsaron a los trinitarios y les llamaron
“traidores”. Otros enarbolan a Trujillo,a o Balaguer, quien dijo, al iniciar sus doce años,
“que si el presidente de Estados Unidos le pedía que dejara el poder, lo
haría de inmediato….”
Y venden el mito de las cacareadas fusión e invasión;
mas son ellos los verdaderos enemigos de
la patria quienes han vivido de la miseria de los dos pueblos; grupitos que promueven
la cizaña; la sangre, luto, el dolor; algo que gozan con devoción.
A la gente sensata y que ama realmente esta Patria, le
preocupa la violencia y las injusticias; y las quemas de banderas de ambos lados de la
Isla; las pedreas fronterizas, las golpizas propinadas a vendedores de
chucherías tras encapricharse, sin investigar,
que habían matado una muchacha en
Palmarito; la persecución y quema de viviendas de haitianos en Maimón; que millares de dominicanos de
origen haitiano no puedan trabajar; ni
salir del país; perder becas de estudios; caer en depresión al
despojársele de su nacionalidad; que nos vean como racistas en el Caribe, un
pueblo de negros y mulatos; el renacimiento del trujillismo y la sinrazón; la
división entre los mismos dominicanos; constituyen algunos de los frutos de los artistas del
odio; o enfermos por el odio, que extrañamente usan el nombre de Dios para
confundir las masas; algo muy común entre los grupos conservadores de la
derecha extrema.
¡Cuidado con esos peregrinos de la irracionalidad y
patrioteros del momento!

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