- César
Canela, autor filósofo.
En la edición pasada compartimos el artículo: “Educación
y Política; amigas o enemigas”; en esta ocasión nos permitimos compartir otro
ensayo, estableciendo una relación entre la Fe y la política”.
Es conocido que muchos se atreven a sostener la tesis
de que la fe y la política son dos cosas totalmente contrarias, que deben estar
separadas, alejadas entre sí, sin relación ninguna. También afirman que el
hombre de fe debe hacerse ajeno a la política, porque afirman algunos que la
política es algo que no tiene que ver con la divinidad, hasta el punto de
afirmar que el hombre de fe se corrompe con la política.
Me atrevo a decir que quienes afirman que la fe y la
política son dos cosas ajenas entre sí están equivocados, porque muchas de las
conquistas que han ocurrido a lo largo de la historia, han tenido éxito porque
muchos hombres de fe decidieron romper con ese paradigma erróneo y asumiendo,
desde su fe, la lucha por la sociedad y el mundo al que pertenecían. Para
defender la tesis, me permito citar, algunos de los tantos casos de hombres de
fe que se han “entrometido” en asuntos políticos para construir un mundo mejor.
Un primer ejemplo es Jesús de Nazaret, quien nunca tuvo
miradas diferentes para la gente. Encendía como elemento supremo la igualdad de
los seres humanos frente a los sistemas de esclavitud de la época. Jesús nunca
se hizo ajeno del mundo al que pertenecía, sus predicaciones proponían un
sistema de vida llamado el Reino de Dios. Decía que la práctica del amor, la
práctica del bien; junto con la sanación de los enfermos y endemoniados son la
materialización del Reino de Dios en la Tierra, una forma de gobierno
espiritual. El Reino de Dios inicia en la tierra, en donde los hombres y las
mujeres obedeciendo al mandato divino, se atreven cada día a luchar por un
mundo mejor.
Otro ejemplo, más reciente y más cercano, de
larelación entre la fe y la política,
fue el discurso que Fray Antón de Montesino pronunció en 1511 en La Española
-hoy Santo Domingo-, en donde él, se atrevía a enfrentar la maldad de los
colonizadores, quienes exterminaban la vida de los pobres indios. El acto de
Fray Antón de Montesino se puede considerar, según el momento histórico, como
la primera lucha de los derechos humanos que tuvo escenario en el continente
americano colonizado. Este humilde fraile, era un sacerdote dominico que
celebraba cada día la misa; su fe le impulsó a reclamar la dignidad de los
indígenas, en contra del poderío de los abusos de la “madre patria”.
Más adelante, cuando los países de América iniciaron su
justa revolución para conseguir su independencia, varios sacerdotes
(especialmente católicos), en algunos países, tuvieron una participación muy
importante en el destino de estos pueblos. En el caso de México, donde el
sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla,
acompañado de aborígenes y mestizos proclamó la independencia de ese país el 16
de septiembre de 1810. Como dicha proclamación no tuvo mucho alcance, más
adelante, el también sacerdote José María
Morelos organizó un ejército y proclamó nuevamente la independencia de México en
1813 y un año después presentó la Constitución, hasta que fue fusilado por
traidores.Es admirable, como esos hombres de fe tomaron partido en la lucha
de la independencia de ese país, hasta el punto de sacrificar sus vidas fue un
acto heroico que la historia debe reconocerles.
Su Santidad el Papa León XIII, en sus documentos, sobre
todo aquellos que están destinados a la Doctrina Social de la Iglesia, propugna
por una iglesia que se acerque a los pobres, que se acerque a las personas.
También insta a su los fieles laicos a involucrarse en la política para
construir una sociedad mejor. También Su santidad
el Papa Paulo VI, no tuvo que negar de su investidura, no tuvo que dejar su fe,
para reconocer que la democracia cristiana (una democracia con un fundamento
moral) era una gran necesidad para el mundo de su época.
El caso más conocido que tenemos es el caso del
Patricio Juan Pablo Duarte, quien siendo un hombre de fe, definió la República
Dominicana como un estado confesional, católico-cristiano. Inició el Juramento
Independentista, mejor conocido como Juramento Trinitario, diciendo: “En nombre
de la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios, juro y prometo…”,
proponiendo como lema las palabras de Dios,
Patria y Libertad. Duarte, para convertirse en el gran patriota e ideólogo
dela Independencia Dominicana, no tuvo que negar su fe, no tuvo que separarse
de las filas de los hombres que cultivan la espiritualidad; fue un hombre
coherente en todas las etapas de su vida.
También, otro caso, en esta tierra, fueMonseñor
Francisco Panal Ramírez, obispo de la Diócesis de La Vega entre los años de la
férrea dictadura trujillista, quiénhizo fuertes denuncias de las malas acciones
políticas que llevaba el gobierno trujillista, con la finalidad de construir un
país más justo, en donde todas las personas tengan, esencialmente, el derecho a
la vida, el derecho a la asociación, el derecho a la libertad de tránsito y el
derecho a elegir a sus gobernantes. Igual de admirable, fue también Mons.
Thomas F. O’Reilly quien también se puso del lado del pueblo, denunciando las
malas acciones de la política dominicana.
En Estados Unidos, el célebre héroe social, Martin LutherKing,
pastor evangélico, salió a las calles, en varias ocasiones, junto con otros
hombres y mujeres de color para defender su dignidad de seres humanos, para
defender su identidad y para que sean respetados sus derechos, para que no sean
discriminados por su color de piel. También participó en protestas en contra de
la Guerra de Vietnam y en manifestaciones en contra de la pobreza de las
personas. Nunca usó la violencia física ni psicológica en sus actividades, lo
cual le permitió recibir el Premio Nobel de La Paz en 1964.
En Asia, el Padre de la Patria de la India, Mahatma
Gandhi, un ser humano de una extraordinaria espiritualidad,quién era un fiel
seguidor de la religión hinduista. Gandhi, empezó a reflexionar sobre la
realidad de su país, lo que impulsó asumarse a la lucha nacionalista y ha
convertirse en un gran revolucionario que promovía la lucha pacífica,
rechazando cualquier acto de violencia que pusiera en peligro la vida de algún
ser humano. Fue nominado cinco veces al Premio Nobel de La Paz. Gandhi, se
valió de sus conocimientos académicos de derecho para defender a la India de
los abusos que hacía el Imperio Británico en territorio de la India. Gandhi, nunca
dejó de ser un gran hinduista, al contrario, era un referente de fe firme en
sus convicciones religiosas.
Estos personajes nos iluminan en la relación de fe y
política y nos impulsan a trabajar desde la política con la fe; desde la fe en
la política. Ellos nos impulsan a mirar con mayor coherencia la realidad. Ser
político no debe ser diferente a ser hombre de fe. Es importante entender que
ser político es diferente a ser devoto-fanático de un partido porque sí, es
diferente a ser un hombre corrupto. Quienes son corruptos, enfermos partidistas,
no son más que fanáticos, que ensimismados en sí mismos no pueden ver las
necesidades de los demás. En otras palabras, el hombre de fe debe alejarse de
la corrupción que practican los falsos políticos, quiénes se burlan de la
gente, sobornando la ignorancia del pueblo con dádivas en tiempos de elecciones
y fiestas de guardar.
Cuando la fe, está alejada de la política, se cumplela célebre
frase que dijo el gran filósofo alemán Karl Marx: “la religión es el opio de
los pueblos”; esta fepermanece vacía porque se queda en la meditación absurda
del más allá, sin traer al más aquí una reflexión profunda
que transforme y convierta este mundo en un lugar habitable y mucho mejor.El
hombre de fe está obligado a remangarse la camisa y hacer cosas por los demás. “No
basta rezar” -dijo el cantor- “hacen falta muchas cosas para conseguir la paz”;
hacen falta muchas cosas para conseguir un mundo mejor. Bien dijo Aristóteles,
“el hombre es un ser político por naturaleza”, el hombre de fe, antes de todo
es hombre, y por ser hombre debe tender a la política. Una fe, materializada
con las obras buenas, es decir, con la búsqueda del bien común, es una fe que
transforma, que dignifica y que invita a otros a vivir la misma experiencia.
También cuando la política está lejos de la fe, se
convierte en una férrea tiranía que explota al hombre por el hombre, que pone
al consumismo por encima del ser humano. Usa al hombre como medio para
conseguir los más bajos placeres de los hombres sin juicio y sin consciencia. La
política sin fe es relativista, se aleja de lo subjetivo y legisla en contra
del ser humano, promoviendo leyes que laceran la dignidad humana como el aborto,
la eutanasia y otras tantas leyes que desprotegen al medioambiente, a la
naturaleza. La Política lejos de la fe también es indiferente ante el pueblo
sufriente que muere cada día de pobreza. Un ejemplo de la lejanía de la fe y de
la política es la realidad que miramos tanto en la República Dominicana como en
otros países de la región.
En definitiva, la fe y la política, son dos realidades
que están estrechamente unidas entre sí. Es verdad que la política persigue el
bien común -dice Aristóteles- , pero ésta (la política), solo puede tender a
esa naturaleza -el bien común- cuando quienes la asumen son hombres convencidos
moralmente, cuando no están limitados, sino que su fe les impulsa a evitar a
aquellos hombres que degradan al ser humano. La política unida a la fe tiene
una mayor solidez moral y puede, ante todo, aprobar y promulgar leyes que
promuevan al ser humano, que lo hagan más digno y que le permitan estar en un
mundo mucho mejor.
Afirmo que es un gravísimo error alejar a la fe de la
política porque ambas, desde sus esencias, persiguen el bien del ser humano.Los
hombres que están llamados a hacer participación política son todos, especialmente
aquellos que son hombres de fe para luchar cada día más por mundo mejor, por
una Latinoamérica unida. No debemos dejarle la política, a los corruptos, “hombres sin juicio y sin corazón que atentan contra la salud de la patria”. Hoy debemos
tomar la decisión de involucrarnos desde la fe en la política para construir un
mejor país.
Un fuerte abrazo, Hasta la próxima.
César Canela.

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