(Del libro Retazos de mi
memoria)
Por: Prof. Juana Peña Vargas
EL PODER DE LA SOLEDAD
Ella que
vive entre la gente, haciéndola su
dueña, provocando un vacío enorme dentro del alma, que sólo Dios puede mitigar
y vencer, pues Él coloca una lucecita encendida en los más profundo del
corazón. Esa luz aparece con la
intención de que no se apague y tenga suficiente valentía, para que, cuando de
la reina de la soledad toque a su puerta pueda decir: “Mi Señor vive en mí, y a
ti, soledad, debo decirte adiós, pues he aprendido a sentir la presencia de ese
Creador que me fortalece, me conforta, me reboza de fe…”.
LOS
SUEÑOS
Los sueños
tienen alas y vuelan como grandes gaviotas en el firmamento luciendo con
esplendor y seguridad.
Las alas de
los sueños no se deben dejar humedecer por el rocío de la mañana; hay que
mantener esa llama ardiente y que el calor
sea su chimenea.
El fuego del
optimismo ha de ser la antorcha
encendida y que de esta forma pueda
emanar la fuente de las metas a lograr.
La defensa
de los sueños es luchar con una fiera y
salir victorioso.
Los sueños
tienen más que alas; y hay que permitir que emprendan su vuelo bien alto,
permitirles alcanzar el éxito deseado con voluntades y esfuerzos.
Defender los
sueños es como luchar con una fiera, y
salir victorioso, el mejor
galardón.

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