La Prensa de ahora Televisión

BENDICIONES

(Del libro Retazos de mi memoria)


Por: Prof. Juana Peña Vargas


EL PODER DE LA SOLEDAD

En este mundo terrenal, la actuación de la soledad parece que tuviera ojos y pies al caminar con velocidad y estando presente dentro de la gente. Es como un aguijón clavado en el corazón, que sólo ella siente la emoción. Soledad que sus pasos no se ven, pero sí se sienten; nunca  ausente, aunque su velocidad sea la de un ferrocarril. Ella tiene  un lugar especial en el corazón de algunos seres donde  hay ausencia   de paz, tomando el trono como la reina de la nostalgia, vestida reluciente hace notoria su presencia como un visitante permanente. Se disputa el trono con la distancia, disimulado eso sí,  porque son amigas inseparables.

Ella que vive entre la gente, haciéndola  su dueña, provocando un vacío enorme dentro del alma, que sólo Dios puede mitigar y vencer, pues Él coloca una lucecita encendida en los más profundo del corazón. Esa luz aparece  con la intención de que no se apague y tenga suficiente valentía, para que, cuando de la reina de la soledad toque a su puerta pueda decir: “Mi Señor vive en mí, y a ti, soledad, debo decirte adiós, pues he aprendido a sentir la presencia de ese Creador  que me fortalece, me  conforta, me reboza de fe…”.   

LOS SUEÑOS


Los sueños son como luces de la realidad que deben existir en cada persona, pues de lo contrario caminaríamos  en un mundo vacío.
Los sueños tienen alas y vuelan como grandes gaviotas en el firmamento luciendo con esplendor y  seguridad.
Las alas de los sueños no se deben dejar humedecer por el rocío de la mañana; hay que mantener esa llama ardiente y que el calor  sea su chimenea.
El fuego del optimismo ha de ser  la antorcha encendida y que de esta forma pueda  emanar la fuente de las metas a lograr.
La defensa de los sueños es   luchar con una fiera y salir victorioso.
Los sueños tienen más que alas; y hay que permitir que emprendan su vuelo bien alto, permitirles alcanzar el éxito deseado con voluntades y esfuerzos.
Defender los sueños es como luchar con una fiera, y  salir victorioso,  el mejor galardón.




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