Por Edelvis García Herrera
El fraude del
PLD se inició en septiembre del 2013 cuando
a través de un engendro diabólico llamado sentencia 168-13 se despojó de
la nacionalidad a más de doscientos mil dominicanos, violando así normas
fundamentales y constitucionales de ser humano.
Y esto no se hizo de forma inocente sino que tenía el objetivo bien
definido de impedir el voto de esos depauperados hijos de inmigrantes.
Sí, esos
humildes hombres y mujeres de los bateyes, picadores de caña; de una caña que
cuyo guarapo siempre ha sido amargo y doloroso para ellos, y sabroso y dulce
para las élites explotadoras de los centrales y los gobiernos que han dirigido
esta nación; el grueso de esa población,
lean bien: el grueso de esa población, nunca ha sido peledeista; y el PLD conociendo
esa realidad, decidió inhabilitarlos para el voto.
Lógicamente que
en esa acción criminal, abusiva de despojo de la nacionalidad, se apandillaron
los sectores más cavernarios y
trujillistas del país, que con un discurso panfletario, de barricada y de falso
patriotismo, vomitaban todas las maldiciones en contra de los descendientes de
haitianos, y que acusando de traidores a la patria a quienes no coincidieran
con sus babosadas patrioteras, produjeron odios y divisiones en el seno del
pueblo dominicano.
Luego entonces,
luego de ese palo acechao, despojados de la nacionalidad a centenares de miles
de dominicanos, El PLD de Danilo Medina, se propuso, utilizando los recursos
del Estado modificar la Constitución para imponer la reelección, y para eso hubo de pagar entre diez y quince
millones a varios diputados y senadores;
entonces congresistas honestos como Minou Tavárez Mirabal, Guadalupe
Valdez, Hugo Tolentino Dipp , denunciaron todos los actos de corrupción,
incluyendo los líos de Punta Catalina y la carretera de Samaná.
Sin embargo, los
muy “cristianos” Ezequiel Molina, López Molina, y el cavernario de una
confraternidad evangélica, un tal Fidel
Merán, mantuvieron una actitud indigna, cobarde y conservadora, y en vez de
apoyar esas denuncias, amenazaron con pegar en los templos los nombres de los
candidatos pro-aborto terapéutico, defensores de los gays, y de quienes estaban
afectando la soberanía. Lógicamente que con unos criterios bien cabrones,
miopes y deformados de la soberanía.
Es decir, ese
grupo de charlatanes prefirió orientar para que votaran por gente como Félix
Bautista, Pared Pérez o Sonia Mateo, antes que por políticos serios como los
anteriores citados por las diferencias de criterios en torno a los gays, los
descendientes de haitianos.
En las
elecciones recién pasadas, las compras de cédulas, los robos de urnas por parte
del peledeismo, los grupos paramilitares armados, sin sancionar a nadie, nos
recrearon los terribles doce años de Balaguer; y con todos los recursos
gastados del erario público, las cadenas televisivas y radiales compradas, se
buscaba imponer candidatos que respondieran a intereses de los grupos de poder
nacionales y extranjeros para seguir depredando, hipotecando el país, y con la
idea de reventar a Loma Miranda y los yacimientos de la loma de El Higo, en la
cordillera Central; de ahí que no sea casualidad que se quiera imponer a Félix
Nova, la recalcitrante Dra. Fernández ya la inconsecuente Miriam Abreu de
Miguijón, de la cuadra del traidor Miguel Vargas Maldonado.

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