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Rebotando la pelota en educación

Por Edelvis García Herrera

J. F. Kennedy: “El éxito tiene muchos padres; pero el fracaso es huérfano”

Amarante Baret, el ministro de educación, inició las construcciones de centros con tandas extendidas, sin tomar en cuenta a los escolares, las trasformaciones curriculares y la formación magisterial; y como desde el Estado se define el contenido curricular, la visión, la filosofía educativa, la carta de presentación es la exclusión de los docentes en un enfoque totalmente antidemocrático. Sin embargo, eso no es al azar sino producto de un plan bien concebido para sacar los recursos reeleccionistas que a través de la sobrevaluación de los materiales y de los terrenos, dejaron-y dejan-grueso dinero a la mafia peledeista.

El autoritarismo, la construcción a lo loco, la imposición de políticas educativas unilaterales no mejoran la calidad educativa; pero para Amarante es más chévere desembarazarse de responsabilidad diciendo: “a pesar de las becas otorgadas por esa la Cartera a través del Instituto de Formación Magisterial, el problema educativo persiste”, y “la culpa es de las universidades por tan mala formación de docentes”.

Mejorar la educación no es fácil sin voluntad y seriedad; en un sistema educativo caracterizado por la flojedad, la desidia, con la miserable misión de aprobar a todos los alumnos califiquen o no; con los padres ausentes del proceso. Mas eso no le importa a Baret, ni a nadie, porque la idea es intentar engañar a la sociedad con el montaje de las pruebas nacionales, vendiendo un “éxito” basado en la promoción de titirimundati; y sucede que esos son los flojiningos que van las universidades a estudiar pedagogía. Es más: denuncié serios casos de falsificación de notas para promover esos flojos, pero no se actuó.

Es enorme la cantidad de bachilleres incapaces de interpretar textos; resolver una aritmética, o responder preguntas simples de ciencias sociales; porque es un sistema débil, que no fomenta la investigación ni la razón; ni exige buena redacción y lectura; donde casi no se lee; y todavía se recurre a las “botellas”, o a celebraciones absurdas; esto aparejado con prejuicios sembrados en la conciencia social por el trujillismo.

Al estudiante hay que liberarlo de sus cadenas y prejuicios, y no prepararlos para competir sino para la solidaridad y la ciudadanía consciente; y por esa son inspiradoras las palabras del educador Paulo Freires cuando dice : “Si la educación ciudadana ha de ser emancipadora, debe comenzar con la suposición de que su finalidad principal no es la de "ajustar" a los estudiantes a la sociedad existente; en vez de eso, su propósito principal debe estimular sus pasiones, imaginaciones e intelectos para que sean movidos a desafiar a las fuerzas sociales, políticas y económicas que pesan tanto en sus vidas. "

La Escuela debe ser para la formación de artistas plásticos, bailadores folklóricos, escritores, y de actores; de ambientalistas con una ascendente conciencia, y capaces de apreciar una buena canción, o película; y es preciso desintoxicar a la juventud a través la recuperación de su identidad y la revalorización de los hechos históricos, profundizando en el ideal de Duarte, Luperón, de Manolo, de Minerva, Caamaño, la Raza Inmortal; de los jóvenes resistentes de abril y del balaguerismo; o el significado de la guerra restauradora para la reafirmación de la independencia.

Pero este es un sistema con una grave desorganización, y no es raro encontrar abogados o agrónomos, que en seis meses se “transformaron en decentes”, y que hoy imparten literatura, historia y geografía; o muy buenos matemáticos y químicos, en cívica o educación física; artistas “enseñando” religión o química.


Sin embargo, la tarea de cambiar ese panorama no es sólo del magisterio: los padres son sumamente irresponsables; y los medios de comunicación suenan demasiada basura que ensucian y contaminan los cerebros, y esto es una terrible “escuela” de la perversidad.

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