Por Edelvis García Herrera
Santana y
Báez constituyen la negación del patriotismo trinitario, restaurador; y ellos siempre
abrigaron la esperanza de entregar el
país a alguna potencia extranjera; por eso no nos resulta extraña la idea separatista
y de enemistad con los haitianos del general Santana, y no de independencia pura y anticolonialista.
El caudillismo era- y es- la expresión del tigueraje
político, la traición; las luchas de facciones la violación a las leyes, la
tiranía…; y sin embargo, Luperón era un hombre de ideas liberales y democráticas; sin odios ni ambiciones; un anticolonialista que no vaciló ante la traición de la anexión a España, jurando recuperar la independencia, y que haciendo
coincidir las palabras con los hechos, dio los pasos para unir los sectores avanzados, y producir el levantamiento del 21 de febrero del 1863.
Aunque el movimiento revolucionario fue aplacado violentamente, la persecución y
exilio no fueron obstáculos para el GENERAL,
pues conspiraba, iba y venía;
buscaba recursos y hombres; cae
preso; se escapa. Va a Cabo Haitiano, Estados Unidos, México y
Jamaica buscando apoyo y prender así la llama restauradora. Y lo logró: catorce
hombres cruzan la frontera, e inician en Capotillo la guerra restauradora.
Luperón, como
Duarte, que no era enemigo de los haitianos,
sabía la importancia de las
buenas relaciones con Haití, porque desde allá los restauradores recibieron el
apoyo del presidente Geffrard, al proporcionarles, territorio, pertrechos y dinero. Fue clave Haití, no sólo antes del 16 de agosto de 1863, sino en los dos años de
guerra contra España, debido a que por
la frontera los patriotas traficaban armas, y los comerciantes nuestros intercambiaban reses, caballos y mulos por pólvora y
municiones. También en las islas Turcos, daban cañones por el tabaco
dominicano.
Con la
participación cibaeña de campesinos,
pequeños burgueses tabaqueros bajo la dirección de Luperón, Polanco,
Monción, Santiago Rodríguez...;, y usando la guerra de guerrillas de Mella, se expulsa el dominio español; sin
embargo, terminada la guerra, Luperón vislumbró un peligro mayor: el
colonialismo estadounidense.
Ya en el nuevo escenario, Luperón es el gran activista en contra de Báez y de un poderoso sector yanqui, encabezado por Grant y
Jhonson, que pretendían negociar
la bahía de Samaná; de ahí que enviara
cartas al Congreso estadounidense para que no apoyaran la
traición, encontrando la solidaridad del senador Charles Summer.
Luperón se levanta en armas, enfrenta a Báez, y a González…; rechaza rabioso la propuesta del
presidente Grant, que a través de su
embajador Croswel, le ofrecía quinientos mil dólares para que
pagara los gastos de guerra; y un nombramiento de gobernador de la isla, con un
sueldo de cincuenta mil pesos oro americano; y aunque Báez no logró su
objetivo, comenzó a endeudar el país, afectando así la soberanía.
Luperón, primer antiimperialista de las Antillas, debe
ser dimensionado, estudiarse su ideario,
ir a su museo en su casa natal;
declararse fiesta nacional; pues resulta vergonzoso que en septiembre sólo se importantice la matanza de indígenas del Santo Cerro y el
vulgar mito de la aparición de una
“virgen” a favor del invasor; lo que nos da una idea del atraso, el dominio de
la Iglesia y de la cultura hispana.
Estamos
conscientes que es una tarea de los
sectores más liberales y avanzados , pues debido a los vínculos del GENERAL con Haití, su apellido Duperrón
y su antiimperialismo, dudo que sectores colonialistas del cerebro del pueblo,
el grueso de ellos antihaitianos, tumbapolvos de los gringos españoles, se interesen por la figura de ese gigante
puertoplateño nacido el 8 de septiembre de 1839.

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