Juan Pablo Duarte murió en Caracas, Venezuela, el 15
de julio de 1876, a los 63 años de edad. En ese momento no era el Padre de la
Patria en su natal República Dominicana ni tampoco se le reconocía como tal en
ninguno de los otros lugares del extranjero donde residió por más de la mitad
de su vida, pues esa consideración no se la profesaban ni sus contados amigos. En
su país ni tan siquiera se le tenía en buena estima, pues el anuncio de su
muerte pasó sin mayor repercusión. La noticia se conoció una semana después de
ocurrida.
Estando Duarte aún vivo, su fama de prócer de la
independencia dominicana no estaba muy bien cimentada en la conciencia
colectiva del pueblo que él condujo a su liberación. Esta situación era el
resultado de muchos factores que concurrían para que eso se produjera. Su
ausencia en la Puerta del Conde en el magno evento de la independencia el 27 de
febrero de 1844; su exilio de 20 años, primero forzado y luego voluntario,
entre 1844 y 1864; su pobre actuación durante la guerra de Restauración que dio
por resultado nuestra segunda independencia; y su ausencia definitiva del país
cuando la Patria se vio restaurada en 1865, conspiraron impidiendo que fuera
considerado como la figura máxima de la independencia dominicana. Para
complicar más las cosas, los ocho años que transcurrieron entre la Restauración
de la República y la instalación del gobierno liberal de Ignacio María González
no dieron respiro para pensar en la honra de los que fundaron la nación
dominicana.
Cuando la paz llegó a la República Dominicana en el año
1874, Duarte era ya un gran olvidado. Francisco del Rosario Sánchez fue más
afortunado, pues su destacada participación militar en defensa de la Patria
contra los españoles que habían desconocido nuestra independencia en el 1861 y
que terminó en su martirologio de El Cercado en ese mismo año estaba muy
presente en la conciencia del país. Este hecho, sumado a que un hijo suyo, Juan
Francisco Sánchez, fuera una figura importante en la política local y asumiera
una pasional defensa de la actuación de su padre, cuando Duarte no contó con
ese apuntalamiento, pues no tuvo descendientes, contribuyó a imponer desde la
esfera del poder el reconocimiento de Sánchez, en menoscabo de Duarte, llegando
en algunos casos a sobredimensionarse la actuación del primero.
El deterioro de la justa apreciación de la labor
patriótica de Juan Pablo Duarte viene entronizado en el mismo desarrollo de la
historia del país. República Dominicana goza en Latinoamérica del extraño caso
de tener dos independencias. La primera fue la de 1844, cuando se separó de
Haití y se formalizó la creación de la nación que desde entonces se denominó República
Dominicana; la segunda fue la que se obtuvo después de una cruenta guerra que
duró dos años cuando el imperio colonial español reincorporó al país a su
dominio después de que disfrutara siete años de vida independiente. Al culminar
ambas independencias, la figura de Duarte no fue protagonista, y su participación
en los hechos que se desencadenaron después fue totalmente nula.
Como ya ha sido señalado, Duarte no estuvo en el
escenario de los hechos al proclamarse la primera independencia dominicana en
el año 1844, el protagonismo fue asumido por Francisco del Rosario Sánchez,
pretexto que sirvió más tarde para regatear a Duarte la honra de ser la figura
eximia de ese acontecimiento. Durante la segunda independencia, cuando Duarte
hizo un intento de colaboración con la causa de la Restauración, su ayuda fue
desestimada de manera descortés. Entonces surgió una camada de nuevos líderes,
desde donde salió una generación de patriotas, cuya figura cimera fue Gregorio
Luperón. Este nuevo escenario político fue extraño a Duarte, quien permaneció opacado
en el exilio. La euforia patriótica que siguió al triunfo de la Restauración se
realizó sin ensalzar a los hombres de 1844 y el derrotero político que tomó el
país no fue el que soñaron los fundadores de la República Dominicana.
(*) Este texto, escrito por el historiador Orlando
Inoa, es la parte introductoria de un estudio más amplio sobre las desgracias
de Juan Pablo Duarte como padre de la Patria, incluido en el libro Duarte
revisitado (1813-2013), publicado por el Banco Central. El texto de Orlando
Inoa se titula Juan Pablo Duarte. Su última batalla: Padre de la Patria.
Recomendamos a nuestros lectores ese libro, pues se
trata de una lectura revitalizante, profunda y analítica sobre la vida y obra
del Padre de la Patria, con la presencia de destacados intelectuales que
conocen y han estudiado con celo y preocupación nuestra historia. A propósito
de este 26 de enero de 2017, cuando se cumplen 204 años del nacimiento del
padre de la patria, Juan Pablo Duarte. Fuente Acento.com

0 comentarios:
Publicar un comentario