La Prensa de ahora Televisión

¿Somos un pueblo favorito de Dios porque nos portamos mejor que los demás?

Por: Edelvis GH

El grueso del pueblo dominicano asume una actitud obsesiva al creerse protegido por Dios, las vírgenes de la Altagracia y las Mercedes, interpretación errada de la realidad, que sólo nos conduce  a la vanidad.

Y por supuesto, esto no es azar: para aposentar semejante idea, los medios de comunicación de masas, las religiones y la educación formal e informal han jugado un importante papel.
Entonces bajo esa visión deformadora de la verdad explicada, en San Martín, donde el huracán Irma mató a muchísima gente; el  terremoto de Oaxaca, México y Guatemala;  el de  Haití  acabó con más de doscientas mil, se pensará que se  debe a su mala conducta, su vida desordenada,  y que aquí, en este país, somos  ejemplo de justicia e igualdad, bondad, sin violencia ni corrupción, y Dios decidió elegirnos.
Esa idea, muy falsa,  representa un peligro al país creerse una especie de Nueva Jerusalén,  favorito de Dios, pues esto puede conducir a la insensibilidad, pensando que los fenómenos naturales son especie de castigo divino o profecía bíblica.
 Por eso, a propósito de tanta retorcedura de la verdad, decimos que la  ubicación geográfica, sea en las fallas geológicas de mayor activismo, o  en los lugares vulnerables, son básicos para entender  mejor. Pensemos –además- en del accionar irresponsable del ser humano con su medio ambiente.
Dijimos que no es al zar, no: el pueblo, influenciado,  se apoya también en la  protección de vírgenes inventadas,  una  de ellas, la Altagracia, que el 21 de enero de 1791, según la leyenda, los españoles derrotaron a los franceses, cuando los hermanos Trejo invocaron su ayuda levantando una estatuilla,   a la alta gracia.
La otra, las Mercedes; mito sangriento en que esa virgen se “apareció” en una cruz debajo de un níspero, en el Santo Cerro, durante  una batalla de los nativos en tierras de Maguá,  en  1495, quienes solicitaban  la libertad del sureño cacique Caonabo,  del cacicazgo de Maguana, que había sido hecho prisionero por  Ojeda.
Colón, que había salido de la Isabel, con unos doscientos soldados, en busca de someter a Guarionex y de oro, usó  perros que destazaban indios, les sacaban las vísceras y comían sus genitales; además de la bestial infantería  de caballos, espadas y los infernales arcabuces que vomitaban fuego, sangre, terror…
La cruz católica y la imagen de la virgen de las Mercedes fueron exhibidas en el campo de batalla, lo que dejó asombrados  y detuvo las flechas de los masacrados aborígenes, impidiendo su defensa y haciendo que se hincaran, resignaran  y aceptaran como un mandato  divino el dominio de los conquistadores españoles.
Los españoles  refieren que por un milagro de la Merced pudieron vencer a más de cinco mil indios “pecadores”; algo falso, igual que  hoy día, donde tampoco son  protectoras de los dominicanos ante los fenómenos naturales; o que el Señor, según dicen los evangélicos, se apiade de nosotros y que desvíe todos los males; y por eso, tal vez no sería bueno popularizar que la palabra dominicano significa “perros del Señor”, pues ya muchos andan diciendo que es guardianes, y por eso somos protegidos aun más.
Absurdo, ¿no?


0 comentarios: