Puso las manos sobre ella, y ella se enderezó al momento
y glorificaba a Dios. Lucas 13: 13
Cuántas
oportunidades tenemos para alabar a Dios, y no lo hacemos. El tiempo se nos
pasa y no hay una expresión de gratitud por todos los favores inmerecidos que
nos ha dado. Nos cuesta decirle que Lo amamos, manifestarle nuestro amor con
palabras dulces, tiernas y llenas de sentimientos.
Él
disfruta cuando Le damos una verdadera adoración, pero ¿por qué no lo hacemos,
si sabemos que Él vive en los Cielos y que nos creó para que lo adorásemos? La
religiosidad nos encorva y nos quita el gozo de alabarlo, viendo solamente un
entorno cargado de problemas, incertidumbres e imposiciones, enfocando siempre
lo peor y no lo mejor. La religiosidad no nos permite disfrutar las
bendiciones; al contrario, nos hace tomar una posición de víctima para que los
demás nos tengan lástima.
Con
la religiosidad no ganamos el Cielo; al contrario, nos aleja de Él. Porque Jesús
rompió los yugos por medio de la muerte de cruz y no resiste cuando nos ve
esclavos de nuestras propias creencias. Rompamos con todo lo que nos tiene
encorvados y empecemos a alabar y glorificar a Dios.
Por
la pastora Montserrat Bogaert/ Iglesia Monte de Dios


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