Primera1
Parte
Por AMAURY POLANCO AYBAR
Para los que nacimos a
mediados del siglo veinte y un poco más atrás, vivimos una época histórica que
apenas percibíamos, sea por ignorancia o por miedo en este pequeño territorio
“URBANO” que aún no sobrepasada la cantidad de ocho mil almas repartidas en una
calle principal que unía la ciudad capital, en el sur, con la zona norte hasta
morir en el segundo pueblo de importancia, Santiago de los caballeros, y
algunas paralelas que no alcanzaban el número de seis o siete.
La importancia histórica de
este periodo lo caracterizaba un sistema socio-económico el cual hacia siglos
que había desaparecido en la Europa medieval; El feudalismo. Salvando la
dimensión temporal, Bonao estuvo bajo la égida de un señor feudal que no era
nativo de estos lares, pero encontró la obsecuencia de los “notables” del
pueblo que le abrieron las puertas de par en par, a veces por la buena y otra
por la malas ya que dicho señor era hermano de sangre del Caudillo Nacional que
en ese tiempo dominaba con puño de hierro a todos los dominicanos que residían
en el territorio del país con rango casi legal de un Rey.
Dueño de vidas y haciendas
en este terruño, mi memoria plasmó fielmente algunas de las acciones
prepotentes del señor feudal, aunque no tenía suficiente conciencia por mi
corta edad del significado real de sus aberrantes acciones; como por ejemplo
ser testigo presencial de maltratos físicos y morales a otros seres humanos a
quienes el catalogaba como insignificantes. Además del aprovechamiento de las
necesidades de muchas mujeres para satisfacer sus bajos instintos carnales que
parecían inagotables. Yo mismo conocí en persona a seis féminas alojadas en
modestas casas que esperaban cada una su llegada por lo menos un día a la
semana y eso sin contar a la legítima esposa, hija de una noble familia del
municipio y la cual soportaba con resignación y estoicismo los lances amorosos
de su insaciable consorte.
El “caballerito” en mención,
según cuentan los viejos de mucho antes, apareció por estos predios y a
seguidas se enamoró de sus fértiles tierras. Aseguran algunos de los pocos que
aún viven que este llego desde un
pequeño pueblo del nordeste
con rango militar de capitán otorgado gratuitamente ya que de arte marcial
ignoraba lo que era un zafarrancho de combate y en cuanto a formación cultural
es muy dudoso que algunas vez se haya leído un libro de tiras cómicas de
mandrake el mago.
Aun así, y sobre todo
después de su huida forzada en noviembre de 1961 gracias al poder y deseo de
Joaquín Balaguer y los yanquis, hoy ciertos personajes añoran los tiempos del
señor feudal y el feudalismo en esta villa perdida junto a sus afamadas
hortensias.
Los nostálgicos argumentan
que Bonao adquirió cierto progreso material que lo sacaron de la categoría de
semi-aldea debido a los “ingentes esfuerzos” del hijo adoptivo pero no es tan
simple como parece por que la evolución de los tiempos trajeron progresos
iguales o mayores a otros pueblos del territorio nacional.
Muchos prestigiosos
cronistas de la época testimonian que junto a su hermano todo poderoso, antes
de tomar el poder, crearon negra fama de cuatreros en los predios de las
regiones orientales del país, y que después que el “Rey” asumió el primer
mandato de la nación, el señor feudal quiso aprovechar el vínculo sanguíneo y
seguir con sus correrías habituales hasta el punto que el hermano mayor se vió
en la disyuntiva de expulsarlo del país o desaparecerlo físicamente de este
mundo. Se cuenta que llego hasta la ocurrencia de falsificar dinero de curso
legal y fue tal la ira del mandamás que éste impartió una orden drástica que
incluía agresión física desmedida y que por fortuna su madre y hermano menor
intercedieron a tiempo para evitar un trágico desenlace.
Exiliado en un rincón del
mundo y al paso del tiempo se reconcilió con el “Rey”; volvió al país y el
“monarca” le permitió que fungiera como amo y señor en este pueblo central
nombrado en honor a un cacique indígena de “célebre” recordación por su fobia
al trabajo productivo.
En su exilio forzado en una
isla muy cerca de nuestras costas, gente de Bonao que le visitaron se
sorprendieron por su estado de precariedad y abatimiento con los signos que
bordean la senilidad: expresaba con vehemencia el deseo de ser sepultado en la
tierra que lo adoptó como “un hijo ilustre” y ya corren algunas voces que
manifiestan con toda seguridad que sus restos fueron traídos de contrabando y
hoy reposan en un comentario local, aunque esto es solo especulación; no se ha
comprobado su veracidad.
Para los historiadores y la
juventud que no fué testigo de esos días oscuro, Bonao se ganó la reputación
poco honrosa de ser el último rincón del planeta donde el feudalismo,
literalmente, se enquistó y desapareció en la persona del teniente general J.
Arismendy Trujillo Molina ¡PETAN!
CONTINUARA…


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