Ese amigo, Pedro, el hijo único de don Luis Columna, era una de las personas más acaudaladas de Bonao. Heredó fortuna, tierra, ganado, cacaotales e infraestructura ganadera y porcina.
Su padre fue un gran filántropo; igual algunos de sus tíos. Dos de ellos fueron médicos de vocación y renombre, graduados en Francia (Peroco y Pedro). Su primo, René Columna, fue un ingeniero civil de prestigio, terrateniente y acaudalado (mi padre administró dos de sus fincas, y mi abuelo materno, otra).
Y lo que les quiero decir es que miren cómo se transporta: en un motoconcho. Él podría tener una Land Cruiser último modelo y un chófer privado, siempre y cuando hubiera administrado con eficiencia la fortuna. Creo que apenas sobrevive. Primero, porque unos abogados sin escrúpulos le despojaron de varias de sus propiedades, y luego, porque ni él ni su madre fueron hábiles en la administración.
Sé que Pedro tiene dos hijas hermosas (las conozco) y que lidió con los problemas de salud de su amada esposa. Pero el gran problema de fondo de los herederos de Luis Columna es que carecen de tacto y pericia administrativa, y básicamente lo han perdido todo. No apareció alguien noble que los ayudara. De hecho, los Columna son muy herméticos.
Quizás quien pudo haber encauzado bien los destinos de la finca y las propiedades fue mi amigo Aparecido, que en paz descanse; pero los Brache lo contrataron para su finca en Barahona, y lamentablemente murió en un accidente de tránsito poco tiempo después.
¡Así es esta vida!
Salomón refiere esa realidad insensata del destino en Eclesiastés: uno acumula y no sabe si los herederos harán algo bueno o malo con la herencia.



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