Por Edelvis G.H.
El Dr. Elías Rodríguez Ortiz, el educador, sacerdote, diplomático y patriota, tiene méritos suficientes para que un centro educativo lleve su nombre, pues se opuso a toda forma de dictadura y enfrentó con firmeza las arbitrariedades del tirano Santana; buscó pertrechos en Cuba en pro de la Independencia nacional…
También pensemos en Manuel Aybar, maestro de Duarte; y en Pedro A. Bobea, independentista, patriota… Igual lo merece Silvestre Álvarez (Bure), antitrujillista asesinado durante la tiranía de 31 años. Y así hay cientos de personajes que deben ser sacados del gris anonimato colocándole su nombre a una escuela, o avenida.
Y es que en las diversas calles y avenidas aparecen personajes porque respondían a los intereses de los grupos y clases dominantes del momento; ultraconservadores proponiendo y asignando nombres, pero que jamás honrarían a Amín Abel, el más brillante dirigente uasdiano y revolucionario de la juventud en los años setenta; tampoco lo habrían hecho con Amaury Germán Aristy, muerto al enfrentar las tropas balagueristas de los doce años. Menos pensarían en Manolo Tavárez, el visionario líder del siglo XX, y que fundó la más significativa organización revolucionaria: el 14 de Junio; omitieron al puro Coronel Fernández Domínguez, creador del Movimiento Constitucionalista del 63.
Esos sectores, por mezquindad, excluyeron a los primeros negros que se levantaron en la Isla por la libertad de su raza, tal como lo hicieron Lemba, o Diego de Ocampo; al poeta haitiano Jacques Viau quien perdió la vida defendiendo esta Patria, algo que no hicieron los nazinalistas resentidos y frustrados de este país; o remoto hubiera sido pensar que tomaran en cuenta a Fabré Geffrard, gobernante que dio pertrechos, dinero y territorio a nuestros héroes restauradores.
(Y se suman grupos atrasados, obsesivos y llenos de llagas morales, y que viven luchando para que se les quiten los servicios a los infelices hijos de inmigrantes; para que se les aísle y no tengan acceso a trabajo, demostrando su egoísmo.)
Peña Batlle, sostén del trujillismo; Pablo Barinas, profesor del tirano; aparecen todavía colocados en las calles de la “ciudad; o como una tal Los Santos, Las Mercedes, La Jagüita, Isabel la Católica; reflejando así conservadurismo y/o un escaso desarrollo. Pero lo mismo pasa hoy día con las escuelas que ahora se colocan los nombres porque fulano era “buena gente”, o por ser hija de un director.
La Sala Capitular y el Misterio de Educación deben asesorarse de intelectuales liberales, y tomar en cuenta a El Viejo Jillo, Guarocuya Batista, único rector de la UASD que dio Bonao; o pensar en Randolfo Núnez, Picky Lora, Emma Tavárez Espaillat, Antonio Paulino, Luis Díaz, Aníbal de Peña, Napoleón Núñez con su esposa Rosita; en el valioso maestro Juan José Vargas; Domenech Russo, o en internaciones de la dimensión de Mandela o Luther King; y es que cómo va la cosa, caballero, me asusta que pronto aparezca una escuela llamada Berenjeno López en la calle T. Meo De La Torre casi esq. avenida Dr. T. Mata Lozano.

0 comentarios:
Publicar un comentario