Por Edelvis García
Herrera
En la Cuba de José
Martí, las peores lacras, encabezada por el tirano Fulgencio Batista, usaban la
figura del Apóstol de la Libertad para engañar al pueblo; y lo mismo ocurría en
Venezuela, El Salvador, Nicaragua y en la República Dominicana, en donde sus dictadores
rastreros se hacían pasar por bolivarianos,
farabundistas sandinistas y duartianos para, en nombre de los próceres,
asesinar a miles de seres humanos.
Aquí, Trujillo, el gánster asesino, se alió a los gringos para
reprimir y despojar de sus tierras a los campesinos del Este, en donde se
instalaron sus centrales azucareros; y
luego se ocultaba detrás de la imagen de Duarte y realizar así matanzas de haitianos; sin embargo, a la vista de los resentidos sociales de ayer
y de hoy esa acción constituye un
heroísmo de la tiranía en donde mujeres,
niños y ancianos fueron acuchillados por una supuesta soberanía. Pero ¿por qué
no asesinó a los que trabajaban en los centrales? Bueno, ¿quién diablos cortaría la caña del dictador y los gringos?
Deformar el pensamiento
duartiano es perverso, y de nuevo los
patrioteros siembran el odio y la violencia en contra de los más débiles;
acciones que han dejado ya, y como “aporte” de la sentencia 168-13 :
ahorcamientos y quema de viviendas en un batey de Barahona; el incendio de un caserío donde habitaban 300
haitianos; golpiza a jóvenes negritos por
parte de guagüeros en Barahona; y lo más
aberrante: una turba, en Moca, tras sospechar que un haitiano había matado a un
dominicano, la emprendió a batazos contra humildes obreros y amas de casa, tras
destrozarles sus enseres.
Estas acciones
salvajes, propias del primitivismo rastrero
celebran sus “hazañas” y su
“revolución”; mas estas lacras cobardes están muy lejos del duartianismo que propugna
por “ser justos lo primero si queréis ser felices”.
Ya lo hemos advertido:
hay detrás de toda esa violencia militantes del balaguerismo y el
neo-trujillismo que invierten recursos
para llevar dolor a los inmigrantes; pero en ningún momento se atreverían a
lanzarle una sola piedra a los poderosos, ni a los 1,200 soldados gringos
armados que están en Barahona. No existe tal patriotismo; no, es sólo un
antihaitianismo oportunista, bajo, vulgar…
Los patrioteros de
hojalata, vomitadores de disparates fuera de la realidad; paridores de
panfletos babosos y calumniadores, les recordamos que durante y después de las
batallas por la Independencia, los
patriotas dominicanos no golpeaban a
indefensos haitianos; que se peleaba con
las armas en los campos de batalla; no se aglomeraban en turbas para saquear
las viviendas de los humildes del pueblo; ni maltrataban sus mujeres; ellas fueron respetadas con sus propiedades y dignidad.
Imaginemos hoy lo difícil que es para un infeliz inmigrante
pasar el día trabajando de sol a sol para comprarse un electrodoméstico; o una
mujer que recorre las calles, con su cuerpo repleto de mercancías, luchando por
ganar un dinerito para ayudar a su marido, enviar sus hijos a la escuela, o
alguna remesita a sus parientes, y al retornar a su ranchito encontrar una
turba de tígueres rompiendo todo. ¿Pero a dónde irán aquellos infelices que
fueron dejados a la intemperie, sin ropas, sin alimento, sin educación…?
Los rastreros
patrioteros se gozan de tales actos vandálicos. Son indolentes y lejos de amar
a dominicanos y a haitianos, los odian con sangrante pasión; sólo recordemos
cómo la ultraderecha ha tratado a sus gobernados. De ellos nada bueno
esperemos. ¡Nada, coño! ¡Nada!

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