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EL AMOR

Por Juna Peña Vargas

Las lluvias invernales y el gran muro de nieve no ocasionan frialdad en el corazón del que ama. El amor es el sentimiento encendido;  una antorcha para dar luz a cada renacer.  Es  misterio que proporciona tranquilidad y paz.

Así como los ideales se mantienen latentes, de ese mismo modo se sienten fortalecidos los que aman, que muchas veces, en determinado momento, la vida se ve como una niñez prolongada a la que convertirse en adulto es una obligación. El amor es la sonrisa de un niño,  primera luz de un amanecer.

Con la sonrisa de un niño se ven crecer los hijos y ese amor se compara con estar cerca del cielo. Es demasiado profundo;  un compartir y sonreír.

Se deben pronunciar palabras de agradecimiento al Divino Hacedor, por colocar nuestro nombre en la lista de los que aman.


Las botas mágicas del privilegio

Cada día la sociedad parece estar sostenida por una escalera de nieve, sin que nadie piense cambiar.
El privilegio camina por el aire con su traje  intocable, saluda a la clase alta  y le presta sus botas mágicas; y  sólo ellas cuentan.
En cambio, la clase marginada camina por la vereda, mientras que  el centro es de las privilegiadas. Estas últimas son saludadas e invitadas a sentarse en el barcón del patrón.
El patrón es el primero que reconoce que debe seguir contribuyendo a que esta clase siga creciendo. 
La clase marginada se parece a los  ratoncitos que viven en cuevas y que no se atreven salir de ella, ni siquiera para acercarse a oler el queso de los privilegiados, que  cada día son más favorecidos por el patrón, tanto así que hasta piensan fabricarle un parque de diversión.
La sociedad se derrumba, no hay equilibrio, porque no se divide, sólo se suma a favor de los afortunados.
Los afortunados en su mayoría no son letrados, y en contraste  a eso hay una masa que son  titulada, pero con  míseros  salarios congelados por el patrón, pues  a  su representante sindical se lo llevó una avalancha.

El privilegio se goza con sus botas mágicas, venciendo la escalera de nieve y pronunciando que la sociedad no tiene que cambiar, pues basta con que ellas lleven las botas.


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