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¿Por qué Petán se instaló con facilidad en Bonao?

Por: Edelvis García Herrera
Cuando José Arismendy Trujillo (Petán) llegó a Bonao en 1934, no existía en esta villa una clase social dominante y de ideas avanzadas que frenara el establecimiento de aquel bandido, ladrón, violador  y falsificador de cheques; más bien, el sector con preeminencia social, política y económica, era conservador hasta el tuétano; por eso,  ni remotamente podía esperarse una reacción contraria al petanismo, o que invirtiera  un centavo para mermar el poder que fue adquiriendo el nuevo cacique local.
Vale decir, además, que la clase social rica del momento, no tenía liderazgo entre ella misma, algo que favorecía el establecimiento de Petán, a quien  vieron “caer como anillo al dedo”; y  recibido con todas las pleitesías,  se le entregaron los centros más prestigiosos de esta villa, al igual que una serie de títulos; iniciativas encabezada por Francisco A. Batista García, Secundino del Villar, David de Vargas, Amadeo Pellice, Jacobo Jorge, César Granados, Críspulo Genao, Domingo Russo, y otros serviles .
Es natural pensar que los pobres trabajadores de esa clase dominante, debían estar en sintonía con sus amos so pena de perder sus míseros empleos, una especie de “estar fríos”, en una sociedad con fuertes vestigios patriarcales, paternalistas en donde todavía se usaba el “don” y “su merced”.
En Bonao, a Petán se le abrieron las puertas de par en par, algo que no le habría sido fácil en Moca, La Vega, Santiago, o San Francisco, pues las “burguesías agrarias” e “industriales” de allí tenían su  liderazgo y no permitirían fácilmente ser desplazados por un forastero, que sin prestigio ni abolengo entonces era un realengo.
José Arismendy Trujillo (Petán) quien adoptó ese mote por su admiración al mariscal francés de la Segunda Guerra Mundial Felipe Petain, en complicidad con los rancios ricos de Bonao, hegemonizaba  el control de la sociedad, usando el terror, las deportaciones, las torturas, los asesinatos, las amenazas,  el caliesaje,  ahogando así cualquier posibilidad del surgimiento de una clase   avanzada  política y culturalmente.
¿Cómo no iba a quedarse   Petán Bonao, si aquí encontraba tierras fértiles, buen clima, caudalosos ríos, apoyo y fiestas, además de las gestiones  bellas  muchachas, canalizadas a través de los maipiolos (celestinos) que  hablaban con los padres de las chicas para entrar  en negociaciones?
Evidentemente  que si las jóvenes acosadas no accedían a las propuestas del enfermizo sexual, aparecía  plan B consistentes en tentadoras ofertas,  o las  amenazas con desacreditarlas en los medios públicos, o con asesinarles o deportarles a sus progenitores. Recuérdese, además, que  Petán se convirtió en ese monstruo  desenfrenado  sexualmente, tanto así que en una casa de la Capital, tenía “hijas adoptivas” de doce años con las que hacía las más inimaginables orgías.
El tirano, sabiendo de la importancia del poder que da la economía, se adueñó  a la brava de las mejores tierras a precio de vaca muerta, y ya en 1959 poseía 19, 712 tareas de tierra adquiridas por un 339, 735. 70 pesos. Así, se convertía  en un burgués agrario sin posibilidad para que nadie pudiera competirle.
En sus haciendas Petán  mantuvo a los campesinos con salarios de miseria y en  la más extrema pobreza material y cultural, y bajo  esas relaciones sociales de producción, ¿era posible que un ordeñador o agricultor pudiera organizarse en una clase social  pujante?
Desprovisto de toda moral, el caudillo usó el arte para enriquecerse, y sólo en publicidad, al incursionar en la radio y la televisión, recibía  25 mil pesos al año desde el Estado; además de que obligaba a los comerciantes a patrocinar rifas, usaba la cultura, las emisoras como medio de propaganda de su régimen fatal y de alabanzas; y así su  arte jamás podía ser liberador de las masas, sino que las llevaba a la sumisión.
Violento, dominante, endiablado, loco, lleno de furia y humillante, Petán se convirtió en señor y horca del pueblo; y fiel amante de la superstición, de la brujería, le gustaba ser endiosado, y para ello   recurría a las dádivas, siendo percibido por la sociedad como un  protector o mesías. Súmele pues los   favores políticos, el apoyo a artistas con envío al extranjero de muchos de ellos para cursar estudios, la solución de algunos problemas a título personal, venía el culto a su personalidad de manera enfermiza.
Hoy, a 55 años de la salida de Petán, en el Bonao actual  se ha estado caminando bajo su aureola, y al resquebrajarse la unidad  los  sectores de contrapeso de los años setenta, ochenta y noventa, liderados por los grupos ambientales, sindicales y campesinos,  se pierde ese chispazo de equilibrio; y entonces  peligrosamente, el conservadurismo toma el control casi absoluto de la sociedad igual que en 1934.


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