Por: Edelvis García Herrera
Vale decir,
además, que la clase social rica del momento, no tenía liderazgo entre ella
misma, algo que favorecía el establecimiento de Petán, a quien vieron “caer como anillo al dedo”; y recibido con todas las pleitesías, se le entregaron los centros más prestigiosos
de esta villa, al igual que una serie de títulos; iniciativas encabezada por
Francisco A. Batista García, Secundino del Villar, David de Vargas, Amadeo
Pellice, Jacobo Jorge, César Granados, Críspulo Genao, Domingo Russo, y otros
serviles .
Es natural
pensar que los pobres trabajadores de esa clase dominante, debían estar en
sintonía con sus amos so pena de perder sus míseros empleos, una especie de
“estar fríos”, en una sociedad con fuertes vestigios patriarcales,
paternalistas en donde todavía se usaba el “don” y “su merced”.
En Bonao, a
Petán se le abrieron las puertas de par en par, algo que no le habría sido
fácil en Moca, La Vega, Santiago, o San Francisco, pues las “burguesías
agrarias” e “industriales” de allí tenían su
liderazgo y no permitirían fácilmente ser desplazados por un forastero,
que sin prestigio ni abolengo entonces era un realengo.
José Arismendy
Trujillo (Petán) quien adoptó ese mote por su admiración al mariscal francés de
la Segunda Guerra Mundial Felipe Petain, en complicidad con los rancios ricos
de Bonao, hegemonizaba el control de la
sociedad, usando el terror, las deportaciones, las torturas, los asesinatos,
las amenazas, el caliesaje, ahogando así cualquier posibilidad del
surgimiento de una clase avanzada política y culturalmente.
¿Cómo no iba a
quedarse Petán Bonao, si aquí
encontraba tierras fértiles, buen clima, caudalosos ríos, apoyo y fiestas,
además de las gestiones bellas muchachas, canalizadas a través de los
maipiolos (celestinos) que hablaban con
los padres de las chicas para entrar en
negociaciones?
Evidentemente que si las jóvenes acosadas no accedían a las
propuestas del enfermizo sexual, aparecía
plan B consistentes en tentadoras ofertas, o las
amenazas con desacreditarlas en los medios públicos, o con asesinarles o
deportarles a sus progenitores. Recuérdese, además, que Petán se convirtió en ese monstruo desenfrenado
sexualmente, tanto así que en una casa de la Capital, tenía “hijas
adoptivas” de doce años con las que hacía las más inimaginables orgías.
El tirano,
sabiendo de la importancia del poder que da la economía, se adueñó a la brava de las mejores tierras a precio de
vaca muerta, y ya en 1959 poseía 19, 712 tareas de tierra adquiridas por un
339, 735. 70 pesos. Así, se convertía en
un burgués agrario sin posibilidad para que nadie pudiera competirle.
En sus
haciendas Petán mantuvo a los campesinos
con salarios de miseria y en la más
extrema pobreza material y cultural, y bajo
esas relaciones sociales de producción, ¿era posible que un ordeñador o
agricultor pudiera organizarse en una clase social pujante?
Desprovisto de
toda moral, el caudillo usó el arte para enriquecerse, y sólo en publicidad, al
incursionar en la radio y la televisión, recibía 25 mil pesos al año desde el Estado; además
de que obligaba a los comerciantes a patrocinar rifas, usaba la cultura, las
emisoras como medio de propaganda de su régimen fatal y de alabanzas; y así
su arte jamás podía ser liberador de las
masas, sino que las llevaba a la sumisión.
Violento,
dominante, endiablado, loco, lleno de furia y humillante, Petán se convirtió en
señor y horca del pueblo; y fiel amante de la superstición, de la brujería, le
gustaba ser endiosado, y para ello
recurría a las dádivas, siendo percibido por la sociedad como un protector o mesías. Súmele pues los favores políticos, el apoyo a artistas con
envío al extranjero de muchos de ellos para cursar estudios, la solución de
algunos problemas a título personal, venía el culto a su personalidad de manera
enfermiza.
Hoy, a 55 años
de la salida de Petán, en el Bonao actual
se ha estado caminando bajo su aureola, y al resquebrajarse la
unidad los sectores de contrapeso de los años setenta,
ochenta y noventa, liderados por los grupos ambientales, sindicales y
campesinos, se pierde ese chispazo de
equilibrio; y entonces peligrosamente,
el conservadurismo toma el control casi absoluto de la sociedad igual que en
1934.

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