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Deformando el 16 de agosto, ¿o los monumentos al mosquito?

Por: Edelvis G H

Los 16 de agosto se olvida que 14 patriotas cruzaron la frontera en 1863 e iniciaron una sangrienta guerra para restablecer la independencia perdida al anexarse a España. Entonces la restauración pasa desapercibida y vienen los discursos politiqueros, y el pueblo así no aquilata el ideal restaurador, ni los movimientos previos cuando Sánchez y Cabral con un grupo de guerrilleros retornan para enfrentar la traición de Santana.

Y tal como hoy, no faltaron los patrioteros que por el origen de la guerrilla de Sánchez, proveniente de Haití, lo acusaron de “traidor a la patria”; sin embargo, nadie puede negar el apoyo del presidente Geffrard a la causa, no sólo al movimiento la Regeneración, sino a los que el 16 de agosto de 1863, en Capotillo, enarbolaron la bandera tricolor que dio inicio a la guerra restauradora, siendo vital el soporte por parte de Haití consistente en territorio para el entrenamiento, pertrechos y dinero.



En medio de la verborrea discursera, las nuevas generaciones no pueden valorar el heroísmo, la entrega y el amor patrio del pueblo dominicano, que despedazaba a machetazos y a tiro a los españoles; que más de diez mil combatientes lucharon por la causa, aportando no sólo su sangre, sino su ganado, su dinerito, y los platanares; siendo el plátano un factor determinante en el triunfo restaurador. Sin embargo, el pueblo no actuaba solo, sino que eran guiados por líderes del Cibao como Santiago Rodríguez, Monción, Salcedo, destacándose Luperón y Gaspar Polanco, y éste último, que aunque firmaba con tres cruces, según Bosch, sin él no habría habido triunfo, porque tuvo la osadía de incendiar a Santiago, que les facilitó tomar la fortaleza de la ciudad.
 
Pero “el hecho de ser analfabeto, negro y haber fusilado a un hombre blanco, de ojos azules y de origen español como Pepillo Salcedo, no ha sido dimensionado y reconocido ese patriota de Guayubín, Montecristi”,(JB) que perseguía españoles en su caballo, y a machetazos se fajaba con cuatro y cinco y los despedazaba.

Después de dos años de cruenta guerra, se logró restaurar la independencia, destacando que no sólo fueron las armas de fuego y los machetes que acabaron con el dominio español, sino las condiciones naturales que diezmaron las tropas invasoras con la humedad, los mosquitos, el paludismo, el cólera y la falta de sueño.

Claro está que la restauración se produjo por la anexión. Porque sucede que desde la fundación de la República los conservadores, que no creían en un Estado soberano, añoraron aliarse a una potencia para superar la crisis, repartirse puestos en el Estado y ascender económica, política y socialmente; y Santana pensó en España; además, se sentía atraído por las tradiciones y el “esplendoroso” pasado colonial hispano.

Este hecho se explica en que esos sectores no eran independentistas, sino separatistas y antihaitianos; contrarios a Duarte, que buscaba zafarse de toda dominación extranjera, y crear una república independiente; de ahí no era raro que Santana declarara Duarte y a los trinitarios traidores a la patria y los expulsara del país.

Los conservadores entreguistas, calcularon que les llegaría una época de prosperidad con la anexión; pero fue así, y el pueblo y esa clase traidora fueron denigrados de sus puestos, humillados, explotados, discriminados y sometidos a grandes impuestos sin realizarles las obras y transformaciones prometidas.



Es pues que ante el descontento popular y la frustración de los sectores campesinos, pequeños y medianos burgueses, se inició la Restauración dominicana el 16 de agosto, en la que los patriotas usaron la llamada de guerra de guerrillas ideada por Mella, que consistía en atacar por sorpresa al enemigo ; retirarse cuando fuera necesario sin hacer frente a las tropas numerosas; esperar las noches para el ataque, no dejarlos dormir; preparar emboscadas, siendo el machete y la lanza, sus armas principales.

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