Por Edelvis García Herrera
Gentilmente, la reina Anacaona recibió a Nicolás de Ovando y su comitiva,
empezando los tributos con maniobras, frutas, licores del cacicazgo de Jaragua; y con trescientas
niñas vírgenes que les bailaron areitos. Pero avanzada la fiesta, el
comendador, ordenó a los jinetes que se lanzaran sobre la multitud para que
la acuchillaran sin respetar edad ni sexo. Luego, apresaron a la reina y la ahorcaron.
Esas acciones, igual que
las matanzas de Higüey y el Santo Cerro, eran comunes, y aunque a
veces uno ve extraño la celebración del “descubrimiento”, si pensamos en los
tres siglos de dominación española en la Isla, y el trabajo de los gobiernos y
sus instituciones, que incubaron en la
nación las celebraciones de leyendas, ritos, tradiciones, y hechos de esa “potencia”, podría comprenderse el porqué.
Sin embargo, seguir
festejando al estilo Falange Española, es una locura: esa organización ultraderechista de los años 30`S,
perseguidora y asesina de
revolucionarios, soporte del dictador Franco, quien era canchanchán de
Trujillo, el cual, avergonzado de las raíces negras, enarbolaba
su admiración por la “madre
patria” , y reforzaba los actos del 12
de octubre. De ahí que no sea obra del azar los prejuicios raciales, el antihaitianismo y el orgullo por lo hispano en nuestro país.
Que extinguieran a la raza indígena y su cultura no debe celebrarse; que los explotaran en las
minas; que los perros devoraran sus genitales y tripas, tampoco. Sí, indígenas
, muertos por los arcabuces de fuego;
muertos en las patas de los caballos, o en la búsqueda de oro a pulmón en los ríos; o ahorcados y
quemados en sus
aldeas; violadas las niñas, y las
mujeres frente a sus maridos, transmitiéndoles así enfermedades venéreas; suicidados
de manera colectiva…
Pero la sangre producida por los europeos no sólo fue en
esta isla: grandes civilizaciones como la inca y la azteca, pasaron del esplendor al atraso a la
ruina...; y si echamos una ojeada al
imperio azteca de sorprendentes
ciudades, plazas ceremoniales, pirámides, poseedores conocimientos de astronomía, matemáticas, medicina;
con un control absoluto de las enfermedades y buenas cosechas, a pocos años
de la llegada de del conquistador, todos
esos avances fueron sepultados.
Aquella grandeza azteca fue aniquilada por la traición de
Hernán Cortés, quien, recibido por el emperador Moctezuma de manera amigable,
creyendo que era el dios Quetzalcóatl venido del cielo, terminó asesinado con
una estaca en el ano.
Y sólo el pensar la forma de cómo rodearon el pueblo de Cholula, nos llena de espanto, pues a traición
realizaron la más horripilante carnicería,
durante dos días volando brazos, orejas, cabezas; y los arcabuces vomitando fuego en medio de los llantos. Los charcos de sangre asemejaban gigantescos
pozos, en medio de los cuerpos despedazados de hombres, mujeres, niños y
ancianos, que dejó cerca de seis mil muertos en nombre de las vírgenes, santos
y dioses de los españoles.
Finalmente, resumo mis conclusiones: Que el 12 de octubre
debe ser fecha de resistencia y lucha;
un viaje de regreso a las costumbres indígenas y negroides (que por
cierto muchas escuelas sí nos recrean ese bonito pasado); un día para tirarle ñeca
a Colón, a Ovando, a Pizarro, a Cortés…


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