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Pensar que Fidel, Trujillo y Batista eran iguales, es una locura

Por   E. García Herrera

 En la dictadura de Batista, que dejó más de 30 mil muertos en Cuba, los extranjeros y una pequeña  élite eran los poseedores de las riquezas; y por ejemplo, el 70% de los  centrales azucareros, y el 64% de las tierras cultivables, de los gringos; los españoles poseían el  10%, mientras que los campesinos o guajiros, no tenían ni una pulgada, y  vivían  en miserables chozas. Entonces para comer boniato (batata) y yuca hervida, debían laborar durante cuatro  meses en las haciendas.
No habría de extrañarse que con tan mala alimentación, existiera un 36% de desnutridos,  parasitados, raquíticos, incapaces de aprender en las precarias escuelas: ranchos rurales con alumnos  descalzos, y el analfabetismo rondaba casi el 50%.
Un país prisioneros  explotados sin pago  en las fincas de los funcionarios y militares de alto rango, que ricos  en días,  usaban a los de bajo rango en asuntos personales.
En  la más grande de las Antillas, sólo el 11% tomaba leche y  un 2% podía consumir huevos; un 88% no tenía luz eléctrica en los campos, y los pocos hospitales, vivían llenos de enfermos, especialmente de tuberculosos, los cuales alcanzaba el 14%.
En una situación social, económica y política  deprimente para  campesinos, obreros, estudiantes, amas de casa, la dictadura  gastaba casi todo el presupuesto en armas, chivatos y torturadores; que  apagaban cigarrillos  en los senos de las prisioneras, y les enviaban en platillos los  ojos de sus seres queridos;  país de mafias; de gente enterrada viva después de romperle huesos y dientes; triturador de genitales de genitales;  de embarazadas abortadas a patadas;  lacras  visitando a las viudas y viudos, para contarles burlonamente cómo les mataban  las parejas.
Fue en  contra de las injusticias de la dictadura batistiana,  que Fidel, al  regresar de México con 81 hombres y unificar a todo el pueblo, logró derrotar  a punta de fusil,  e hizo  salir en bola de humo al tirano, que corrió a los brazos de Trujillo, el mismo   que juró ser fiel a los gringos, y que había arrebatado, a través del crimen y la represión, las tierras  a los campesinos para los centrales azucareros de los invasores.
Y es que eran regímenes del oscurantismo, del terror,  del miedo; de los asesinatos en masa y  del racismo  estatal; que pensándose españoles y gringos,   satanizaban la negritud. Regímenes del culto a la personalidad, con cientos de estatuas al tirano, como a Trujillo, que también tenía picos, avenidas, estadios, teatros, escuelas, con su nombre  y el de sus parientes. Bueno, hasta a la capital dominicana era Ciudad Trujillo.
Súmeles los millares de discursos de alabanzas y cientos de títulos;  más de cuatrocientas misas a su salud pero en la Cuba de Fidel y Martí, nunca ha sido así… Porque allá se repartieron las tierras, se puso en marcha de una  política de solidaridad hacia  África, Asia y Latinoamérica, con  brigadas médicas de 24 mil voluntarios en 84 países;  graduando 80 mil médicos gratuitamente en 104 países; la Cuba que apoyaba a los pueblos buscando su liberación, donde  millares de cubanos también derramaron su sangre llegando, no buscando ni  oro ni  diamantes ni  petróleo.
Por esa actitud de Fidel, que enfrentó al imperio más poderoso del mundo; porque no era su títere, y le dijo que “defenderemos el socialismo con esos fusiles”, “sepan que no se van enfrentar con señoritos, sino con hombres”; que fusiló unos agentes de la CIA y a otros torturadores del régimen de Batista, era lógico que no fuera del agrado yanqui.

No nos sorprendamos pues de esos  millares de visitantes a tras su muerte: su legado de solidaridad,  amor y justicia está ahí. Sólo hay que revisar los discursos de los grandes líderes ante sus cenizas. Sin embargo, , en un pueblo aterrorizado, lleno  de miedo e ignorancia, el trujillismo sin Trujillo tuvo que recurrir al terror para que asistieran al funeral; y no vino de otro país, un solo personaje portador de la paz, la  solidaridad y la democracia a este país.

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