Por: Edelvis García H
Cuando en un país un tirano como Trujillo, ladrón,
violador, traidor, asesino y entreguista
al yanqui es el modelo de una sociedad, con más seguidores que Duarte, Luperón,
Manolo, Caamaño, Minerva, o la Raza Inmortal, nos da una panorámica del
profundo atraso en que nos encontramos, y una evidente crisis de valores
humanos.
Lógico: tal
realidad debe llenarnos de pena y vergüenza como sociedad, porque en vez de
abrazar el pensamiento de duartiano basado en la justicia social, la igualdad
ante la ley, la separación de los poderes, la unidad de las razas y la democracia…; entonces se anhelan psicópatas
tiranos de la peor calaña.
Los seguidores de tan maldita ideología trujillista,
vigente aún, apoyan sus vagos y flojos
argumentos en el “orden”, el supuesto nacionalismo del dictador y dizque porque
mantuvo a raya a los haitianos.
Se demuestra así perversidad, o que se desconocen las bases ideológicas de la
más cruel dictadura de América.
Significa que no se conoce ni tampoco interesa el ideal duartiano, que siempre odió a los tiranos; a Luperón
nacionalista puro e intransigente; el programa mínimo de la Raza Inmortal que
en 1959 intentó ponerle fin al trujillismo;
que no hemos ahondado en la
Historia crítica y que la educación no se ha destrujillizado.
Porque ¿podría
una persona consciente y en su sano juicio pensar que Trujillo era patriota
nacionalista si en 1919 se alió a la Guardia
creada por el yanqui invasor?
Sí, Trujillo persiguió, torturó, asesinó a los mismos
dominicanos, y a centenares de ellos despojó de sus tierras para la instalación
de los centrales azucareros gringos.
Un patriota nacionalista jamás lo habría hecho, y
mucho menos convertirse en uno de los serviles al poderío del Norte.
Lógicamente que los seguidores del trujillismo no lo
hacen al azar, sino por su racismo y antihaitianismo arraigado, lo que los
lleva a pensar que la matanza de miles de haitianos en 1937 fue un acto de amor
a la patria, e inclusive en el libro El ocaso de la nación dominicana, el
historiador resentido y acomplejado de la Fuerza Nacional “Progresista” señala que la política de dominicanización de la
frontera, y la consecuente matanza de más de diez mil haitianos ordenada por el
dictador Trujillo, en octubre de 1937, genocidio dirigido a detener la migración
procedente de Haití, constituye “el acontecimiento más sobresaliente de la
historia de la dominicanidad en lo que va del siglo”. (Del XX)
Nada más absurdo, bajo y perverso que tales
aseveraciones, pues semejante genocidio sólo puede ser defendido por enfermos
mentales que distorsionan la historia y ocultan las verdaderas razones de carácter
económico, el odio racial.
En su racismo, Chapita ensalzaba a España, se mostraba orgulloso de esa
herencia; al tiempo negaba nuestras raíces africanas a la que odiaba; no siendo casualidad la citada matanza de haitianos a puñaladas,
machetazos y balazos; cadáveres de niños, ancianos, y mujeres embarazadas que
se les dio fuego para evitar epidemias.
Por supuesto que los defensores de semejante aberración
y crimen de lesa humanidad recurren al trillado discurso trujillista para
justificar se: “Si mis manos se han manchado de sangre, ha sido para salvar de
la haitianización del país a la generación de ustedes. Dentro de 50 años, la
ocupación pacífica del territorio nacional por parte de Haití significa para
ustedes que los haitianos podrán elegir autoridades dominicanas, podrán poner y
disponer, podrán mandar a Duarte y los trinitarios al zafacón de la historia y
anular para siempre sus ideales y su abnegada lucha…”
¡Eso es una mierda! El primero que lanzó a Duarte al
zafacón fue Trujillo, haciendo todo lo contrario a lo soñado por el Patricio; y
si se manchó de sangre lo hizo por su
carácter asesino, ambicioso,
antiduartiano y racista. ¿O acaso los
miles y miles de dominicanos asesinados, deportados, torturados y humillados
fue para salvar la patria?


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