Por: Edelvis García
Herrera
“Si alguien quiere saber cuál es mi
patria/no la busque, /no pregunte por ella.//(…)(¡Tanto arrojo en la lucha
irremediable y aún no hay quién lo sepa!/Tanto acero y fulgor de resistir/ y
aún quien lo vea)”
-Don Pedro Mir, Poeta Nacional-
Con
un discurso racista y de “nacionalismo” trasnochado, Ramfis engancha a
unos cuantos, y esto es posible por los malos gobiernos, la ignorancia
y la perversidad.
Porque aquí hay millares de seres honrados, que han
luchado toda su vida por la ampliación de los derechos, la libertad y la
justicia. Y sin embargo, a Ramfis no se le ha visto participar ni una sola
causa justa: ni contra la Barrick, ni en el sometimiento a Félix Bautista, De
la Rúa y Leonel; ni cuando los gringos intentaron quedarse con la Saona; ni
ante el endeudamiento y la entrega de nuestro país; ni a favor de los humildes
cañeros; y nunca lo esperemos de un trujillista pro gringo.
Por eso, con tanta gente buena y
sacrificada, es una frescura la
aparición de ese candidato a la presidencia, y que, además, pide la anulación de La Ley 5880, y así, abiertamente, poder seguir
promoviendo el trujillismo; Ley de mayo
del 1962, que reza: “Toda persona que alabe o exalte a los Trujillo o su
tiranía, en alta voz, en discursos escritos públicos o emblemas se considerará
y juzgará como autor de delito contra la paz (…), y será castigada con prisión
de diez días a un año…”
Inoportuno es el
neotrujillismo, aún cuando la memoria social siente el dolor de los jóvenes del
1959, torturados, asesinados, calcinados en la silla eléctrica; majados sus
genitales; cocidos sus párpados; grapadas sus orejas…; o el horror de las
Mirabal, asesinadas a palos, ahorcadas;
al ver a Sina Cabral, quien no borra las escenas de los cigarrillos
apagados en sus senos, mientras sus torturadores se burlaban y le gritaban
vulgaridades. O cuando se recuerdan las
damas desnudadas en las plazas, y a las prisioneras a quienes les metían ratas en sus genitales.
Pero Ramfis, que sólo se diferencia de
los demás politiqueros en el apellido, no le importa este país. Ni sus luchas
ni sus sufrimientos. Un carajo sin aportes o dotes intelectuales; a menos que
el antihaitianismo racista, sea considerado un talento.
“San”Ramfis, defendidos por sus alabarderos con la absurda idea de que “él no es culpable
de los actos de su abuelo”, bien que simula, porque ¿quién es el presidente de la fundación que alaba la
“obra” de El “Jefe”? Pues él mismo, que cabildeaba fondos del Estado para un museo trujillista,
recuperar las propiedades que el tirano se había robado del sudor del pueblo, y
pasarlas a su fundación.
Y como negocia con Miguel Vargas, así lo
hizo con Quique Antún, que del estatal Banco Nacional de la Vivienda éste le
entregó 5,5 millones de dólares, hoy día
unos 260 millones de pesos, para hacer viviendas, que no hizo, y no devolvió el dinero.
Por eso,
desenmascarar a Ramfis y a sus socios del PLD, es un deber patriótico.

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