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Campo y ciudad cambiémosle el nombre a nuestra provincia


Por  Carlos Ortiz

¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué nuestra provincia lleva el nombre de “Monseñor Nouel”? Es normal que sea así, dado que tendemos a querer saber las razones por las cuales los lugares en los que vivimos tienen tal o cual nombre. La respuesta más simple a esa pregunta ha sido: “Fue en honor a los méritos acumulados por el ilustre arzobispo que también fue presidente del país, Monseñor Adolfo Alejandro Nouel Bobadilla”. Eso no es del todo cierto. Veamos los motivos por los que nuestra provincia no debió ser nombrada de esa manera.
Hasta 1936 el actual territorio que conforma nuestra demarcación era llamado San Antonio del Bonao, una común (municipio) de la provincia de La Vega (Historia de Bonao, Francisco Antonio Batista García). Es entonces que un 25 de mayo de ese mismo año fue promulgada una ley que cambiaba dicho nombre al de “Monseñor Nouel”, dicha ley había sido propuesta nada más y nada menos que por el  “Generalísimo Doctor” Rafael Leónidas Trujillo Molina. Los congresistas consideraron que este sacerdote se había distinguido por su “mansedumbre y por sus esfuerzos en favor de la paz”, entre otras razones. Recordemos que Nouel estaba vivo en ese año; moriría al año siguiente. ¿Qué significaba eso en el lenguaje del régimen que aún estaba en ciernes? Trujillo era dado a nombrar las cosas de acuerdo a su ego y conveniencia. Dos fueron las causas principales para tal cambio: Contener las intrigas de su hermano Petán y la obtención de la aprobación de la Iglesia.

Resultado de imagen para obispo monseñor nouelUn año antes Petán había sido enviado a Europa debido al caciquismo que estaba instaurando en Bonao y a sus pretensiones de alcanzar el poder (Petán: Un Cacique en la Era de Trujillo, Gilberto de la Rosa). Varias fueron las medidas que tomó el sátrapa mayor para neutralizar a su díscolo consanguíneo. El mensaje era claro: Te portas bien conmigo, te ganas tu premio. El Jefe era astuto, es por eso que urdió el plan para que se supiera que era quien hasta le daba nombre a los lugares. ¡Hasta la capital de la nación fue ultrajada con el cambio de nombre!
De acuerdo a José Luis Sáez en su compilación Documentos inéditos del arzobispo Adolfo Alejandro Nouel, Trujillo nombró a Nouel como “Arzobispo Vitalicio de Santo Domingo” en 1933  “ante todo como evidente protesta por el nombramiento del Padre Castellanos como segundo administrador apostólico”. Este nuevo prelado no se sometía a los dictámenes del tirano, quien quería tener gente servil y “mansa” en todas las esferas del poder nacional. El rebautizo de nuestra nuestro municipio fue como consecuencia de esto, según se muestra.
Es un sinsentido histórico que quienes tomaron las riendas de nuestro pueblo luego de la salida de la familia Trujillo y de los honorables comprovincianos que lucharon a favor de la elevación de nuestro municipio a provincia (22 de septiembre de 1982), no se hayan percatado o no hayan querido arreglar este entuerto de esa oprobiosa era. Creo, en lo particular, que nuestra provincia debería llamarse Bonao, siendo nuestro municipio San Antonio de Bonao. Es solo una propuesta. Espero vengan más.

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