La Prensa de ahora Televisión

LA VEJEZ Y EL ASILO

Por Juana Peña Vargas

¡Cuántas primaveras e inviernos cargados de quimeras han deleitado una hermosa vida, que cuan jardín florecido, da gracias a DIOS por la vida!

El recuerdo es como una antorcha encendida, obra diseñada cada mañana, la base del amor.
Muchas veces el invierno toca con su puño de hierro, olvidando traer los hermosos destellos que los confortan cada mañana.
Así como en el clima otoñal las hojas al caer emiten un sonido suave, también en los sillones de los asilos se escucha un murmullo, dando un mensaje a los hijos que ellos también se mueren porque les falta ternura; una ternura que necesitan estando vivos, porque después todo se esfuma.

EL remordimiento de haber sido indiferente será su compañero y la intranquilidad les restará la paz. Y aunque su tesoro sea grande, no tendrá significado por causa de la vileza abandonar a esa persona que hizo realidad su existencia con su cuidado y empeño.

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